miércoles, 6 de mayo de 2026

“¿Que vas a estudiar?”🔪🫠

 

¡Elegir carrera es lo peor del mundooo!😩todos  actúan como si fuera una decisión importante pero manejable, casi como escoger qué serie ver. “Solo investiga, ve qué te gusta y ya”, dicen. Como si no estuvieras decidiendo a qué le vas a dedicar más de la mitad de tu vida, y será directamente proporcional a tu salud física y mental además de tu desarrollo personal.


Pasé por demasiadas opciones, pero no en el sentido bonito de “explorar posibilidades”, sino en el de aferrarme a una, convencerme de que era la correcta y luego darme cuenta de que no encajaba. Era como probarme ropa que casi me quedaba bien, pero siempre había algo incómodo. Y eso desgasta.


Porque no solo estaba buscando algo que me gustara. Quería algo que se adaptara a mí, a mis capacidades, a mi forma de ser. Algo que me diera un buen ingreso —porque sí, el dinero importa— pero que no me hiciera sentir vacía. Quería que tuviera sentido… y que no me robara el alma en el intento. Nada complicado, ¿no?


Habían  pensamientos que no me soltaban: ¿y si no me gusta? ¿Y si no soy lo suficientemente fuerte o inteligente?Pero no eran dudas cualquiera. Eran de esas que se sienten en el cuerpo, que te aprietan el pecho y te hacen imaginarte viviendo una vida que no quieres. 


El peor momento fue en enero. Todos hablaban de universidades y planes como si lo tuvieran clarísimo. Mis amigas sonaban seguras, tranquilas… y yo apenas podía sostener la conversación. Ese día me puse audífonos para evitar preguntas y, cuando llegué a mi casa, me derrumbé. Lloré, temblaba, mi mente no paraba de imaginar escenarios donde todo salía mal. Y lo peor no era eso, era sentirme tonta por no tenerlo claro.


Después de todo eso, elegí psicología. Fue de las primeras opciones que consideré… y también de las que más miedo me daba. Me interesa la mente humana, me mueve, y quería algo relacionado con el bienestar de las personas. 


Antes de eso estaba casi decidida por administración de empresas porque sonaba más lógica. El problema es que no sentía nada y eso al final me hizo cambiar la decisión. Cuando cambié a psicología no sentí una seguridad absoluta, sentí alivio. Como si, dentro de todo el caos, esa decisión hiciera un poco más de sentido para mí. Creo que eso es lo que nadie dice: no eliges cuando estás completamente segura. Eliges cuando algo, entre todas tus dudas, se siente un poquito más correcto que lo demás.


Me hubiera gustado que alguien me dijera que sentirse así es normal. Que no tener respuestas no significa que estás fallando. Y que eres más capaz de lo que crees, aunque en el momento no lo sientas.


Si pudiera hablar con mi yo de hace unos meses, no le daría la respuesta correcta. Le diría que se conociera más, que dejara de buscar la decisión perfecta y que entendiera esto: sentirse perdida no es el problema, es parte del proceso.



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